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Juan Carlos Hernández

Al aire libre

PRÓXIMA ESTACIÓN: ÓSCAR HUSILLOS

Óscar Husillos BIrmingham 2018

 

No sé si alguien discute que la prueba de los 400 metros lisos es la más dura del Atletismo en pista. Todas tienen su dureza, su dificultad y sus particularidades pero creo que hay un consenso bastante general sobre la crueldad física del 400.

 

Recuerdo un amigo que hace años comentaba durante un campeonato de España absoluto: “Fijaos, en todas las pruebas los finalistas salen a la pista saludando a la grada, buscando a los amigos. Pero los del ‘cuatro’ salen cagaos con cara de susto, mirando al suelo porque saben lo que se les viene encima”. O algo así, he hecho mi propia versión libre. El que lo decía, cuatrocentista, sabía de lo que hablaba. Yo, que fui un modesto corredor de 400 y 800, sabía de lo que hablaba.

 

El 400 es agonía en el entrenamiento (ese gigantesco trabajo invisible), es agonía antes de la carrera y agonía durante y después. Como cualquier sufrimiento voluntario, la satisfacción y recompensa posteriores –cuando todo ha salido bien– son directamente proporcionales a esa agonía y a ese sacrificio.

 

En España, quizá por falta de grandes referentes, la carrera de los 400 metros no es de las más populares. La velocidad y los saltos tienen ese nosequé de la inmediatez, el mediofondo, del 800 en adelante, tienen su peso en nuestra memoria gracias a atletas de mucho calado. El 400 se queda en tierra de nadie, sufrir por sufrir.

 

Y el pasado sábado, durante el campeonato del mundo de pista cubierta, sufrieron los atletas y sufrimos todos. Asistimos alucinados a un ejemplo extremo de lo que el Atletismo puede ofrecer y arrebatar en cuestión de minutos. Vimos el éxtasis y la amargura como cara de una misma moneda. Sucedió en la final del 400 y le sucedió al atleta español Óscar Husillos.

 

Durante toda la temporada de pista cubierta, el fenómeno Óscar Husillos ha ido creando una maravillosa obra de arte. Ha contado por victorias todas sus carreras y ha destrozado los récords de España indoor de 200, 300 y 400 metros. El sábado, en la final del Mundial, escribió (en mi modesta opinión) la página más hermosa del Atletismo masculino español en muchos años. Sin querer desmerecer a nadie, lo que hizo Husillos lo elevó instantáneamente al Olimpo de Yago Lamela, de Fermín Cacho… y ahí me quedo.

 

Porque no solo ganó la carrera que le convertía en campeón del mundo; su registro, 44”92, era récord de Europa indoor y le convertía en el primer atleta europeo y el sexto del mundo en romper el muro de los 45 segundos. El récord mundial lo tiene desde 2005 Kerron Klement con una marca de 44”57, solo 35 centésimas de segundo mejor que Husillos. Volviendo a la plusmarca europea, el récord derribado pertenece al alemán del Este Thomas Schönlebe que hizo 45”05 en febrero de 1988. Sí, sí, hace 30 años. Y ojo al dato, desde hace 31 años este mismo alemán tiene el récord de los 400 metros al aire libre con una marca de 44”33, registro con el que ganó el Mundial al aire libre de Roma en 1987. En mi cabeza, en mi imaginaria bola de cristal, ese es el horizonte con el que debería soñar despierto Óscar Husillos.

 

Y dicho todo lo anterior le damos la vuelta al vinilo. Porque el pasado sábado, de repente, asistimos a un cambio de guion escrito a medias entre Alfred Hitchcock y David Lynch en un compartido delirio de absenta: el Everest alcanzado por Óscar Husillos y por quienes amamos el Atletismo se desvaneció bajo nuestros pies, y toda la magia generada se transfiguró en angustia e incredulidad.

 

Fue muy duro. Muy duro de aceptar y de digerir. Durante muchísimo rato en la televisión nos mostraban una y otra vez el fotograma de una pisada que hacía inaceptable la descalificación. En Twitter llovía fuego. No sé cuánto tiempo transcurrió, ¿una hora, dos, más?, demasiado en cualquier caso, cuando empezó a circular el fotograma de una pisada en la primera curva que convertía en humo el Olimpo y la legalidad de la hazaña de Husillos (que no la carrera y su potencial, que eso quedará en la retina para siempre).

 

Husillos pisada fatídica

 

Una pisada fatídica que, hay que joderse, cinco metros más adelante, ya en recta, no habría supuesto ningún problema. El fotograma era incuestionable, y la llegada del fotograma cambió el debate hacia si la norma es justa, si hay que interpretar dicha norma, si habría que cambiarla, si el celo de los jueces estaba siendo excesivo… seguía lloviendo fuego en Twitter. Pero ya era demasiado tarde para Husillos, el tren de la gloria absoluta se le escapaba con una de las bofetadas más crudas que recuerdo.

 

A mis 49 años, hace algún tiempo que me siento un ‘abuelo cebolleta’ cuando hablo de Atletismo con gente mucho más joven que yo. Y me resulta extraño dirigirme a Óscar Husillos, primero porque no nos conocemos y segundo porque no sé si estas líneas llegarán a sus ojos. En cualquier caso, admirado y joven Óscar, me gustaría decirte desde la distancia y una cierta veteranía que el sábado lograste con tus 44”92 en la final de un Mundial que me clavase de rodillas en el suelo desde que cogiste la calle libre y gritara y me emocionase como si mi salud dependiera de tus zancadas. Soy de esos locos que han visto muchos miles de horas de Atletismo, y puedo asegurarte que tus 44”92, finalmente ‘históricos’ por su fugacidad, quedarán en mis recuerdos atléticos cuando sea aún más cebolleta que ahora. Cree en ti y en el valor de esa marca porque hiciste algo grande de verdad.

 

Yo no conocí los tiempos de Magariños o Gayoso, pertenezco a la generación que vio en 1985 a Juanjo Prado, Antonio Sánchez, Alonso Valero y Ángel Heras batir el récord de España de 4×400 para consumar el histórico ascenso a la primera división europea por países. Después llegó Cayetano Cornet, que dio una vuelta a la tuerca del 400 en España… años después David Canal… ciertamente la lista española de cuatrocentistas de relumbrón es muy corta. Tú has empezado a brillar con luz propia a nivel mundial en un momento en el que el 400 goza de muy buena salud en España, espero que seas inspiración para tus rivales y compañeros y que todos mejoréis. Y que los aficionados al Atletismo, que somos muchos y seremos más con atletas como tú, lo disfrutemos.

 

 

Pinceladas finas al deporte rey

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