Diario Vasco
img
Reflexión del lunes. Dudas y certezas
img
Cecilia Casado | 01-02-2018 | 09:24

arrou-tea-quintana-flower-tears-45-cm-300x2001

 

Desde siempre he alucinado bastante con ese tipo de personas que todo lo tienen super claro; esa gente que se afirma en su pequeño pedestal de sabiduría y proclama a todos los vientos sus certezas. Sean estas religiosas, políticas o simplemente de andar por casa. Mucho he hablado con ellos, para aprender o discutir, cuando una tiene ganas de un poco de gresca intelectual, y siempre he terminado contra las cuerdas: imposible rebatir la contundencia con la que esgrimen –y llevan a cabo- sus ideas.

Que no digo yo que les falte razón en sus planteamientos –pues no es esa la cuestión- sino el hecho de que esas personas NUNCA DUDAN. Es decir, “aparentemente” están muy seguras de sí mismas y transmiten parte de esa seguridad al entorno que les sigue o aplaude sin demasiada reflexión.

Como aquel que me llevó una vez monte arriba, fuera del sendero marcado, insistiendo con rabia y tesón que “estaba seguro” de que ese era el camino correcto. Cuando, al cabo de demasiados minutos, nos dimos de narices contra un obstáculo insalvable se quedó callado, como fulminado por un rayo invisible y ante mi disgusto y estupor, tan sólo farfulló algo parecido a “pues estoy seguro de que era por aquí”.

Así nos luce el pelo a los que dudamos de bastantes cosas y acabamos eligiendo como sherpa a los que dicen no dudar de nada.

¿Qué hago cuando veo que aquella persona por la que me he dejado guiar se ha equivocado meridianamente y soy yo quien tiene que asumir las consecuencias? Digamos que soy responsable de todas, TODAS mis decisiones, pero entonces… ¿no debería confiar en nadie más que en mí misma? Item más: ¿debería exigir a mi guía/maestro/conductor una especie de indemnización o responsabilidad civil subsidiaria por haberme llevado a mal fin por mal camino?

Y es que… tengo más dudas que certezas. Conforme me voy haciendo mayor soy cada día más consciente de la impermanencia de las cosas, de la inestabilidad de la psique humana, de la falta de equilibrio en el Universo aunque los científicos digan otra cosa en sesudos estudios que ni siquiera sería capaz de entender si acaso estuvieran a mi alcance.

Veo alrededor a gente muy segura de lo que hace, reafirmando conductas con zapatazos sonoros, apoyándose en ideas llenas de humo y en personas inestables psicológicamente por las que se dejan influenciar para reafirmarse en tal o cual actuación que no hay dios que entienda, pero que ellos dicen, gritan, aseguran, nace del convencimiento de la razón, de la seguridad de la certeza, de la ausencia de esa duda que yo sigo manteniendo viva en mi mente, en mi corazón, porque ahora voy sabiendo que nada es inmutable, nada, ni siquiera lo que nos contaron en su día que sería para siempre…

Ahí está el “amor de madre”, esa gran verdad o ese gran cuento chino que unas usan para justificar desmanes y otras para conseguir audiencia. Ahí está también la soberbia de subirse al banquito de la cocina para ponerse por encima de los demás e inventar un nuevo decálogo con pretensiones de que los que quedan por debajo lo sigan.

Cada vez tengo más dudas, cada vez amparo en mí menos certezas y no pasa nada, sigo viviendo tranquila y durmiendo más tranquila todavía. Será que ya me quedan pocas ganas de pretender tener “la razón”…

Felices los felices.

LaAlquimista

Por si alguien desea contactar:

apartirdeloscincuenta@gmail.com

*** “Flower tears” Quintana Arrou-tea

Sobre el autor Cecilia Casado
Hay vida después de los 50, doy fe. Incluso hay VIDA con mayúsculas. Aún queda tiempo para desaprender viejas lecciones y aprender otras nuevas; cambiar de piel o reinventarse, dejarse consumir y RENACER. Que cada cual elija su opción. Hablar de los problemas cotidianos sin tabú alguno es la enseña de este blog; con la colaboración de todos seguiremos creciendo.