Diario Vasco
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Autor: aminondo
Para desayunar, matemáticas
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Asier Minondo | 13-02-2018 | 7:14| 0

Para escribir este post le he pedido a una amiga que trabaja como profesora en una de las ikastolas en las que estudié, el horario de clases de 4º curso de Educación Secundaria Obligatoria. Todos los días, los alumnos tienen seis bloques de asignaturas. El orden en que se imparten las asignaturas no es siempre el mismo. Por ejemplo, en uno de los grupos, la asignatura de matemáticas se imparte el lunes a segunda hora, el martes a primera hora y el viernes a la sexta hora. Lengua y literatura se imparte el martes a segunda hora, el miércoles a última hora, el jueves a cuarta hora y el viernes a primera hora. ¿Es eficiente que asignaturas como matemáticas o lengua se impartan en horas diferentes a lo largo de la semana? Según, un estudio de Nolan G. Pope, de la Universidad de Chicago, la respuesta es no.

El profesor Pope ha analizado las calificaciones de matemáticas y de inglés (lo que es equivalente a nuestra asignatura de lengua y literatura) de aproximadamente 500.000 alumnos de secundaria de la ciudad de Los Ángeles durante el periodo 2003-2009. El profesor recogió las calificaciones en matemáticas y en inglés de los alumnos que tenían clase de estas asignaturas en alguna de las dos primeras horas de la mañana, y la de los alumnos que tenían clase de estas asignaturas durante la quinta o la sexta hora. En la muestra que utiliza Pope, los alumnos siempre tenían la clase de matemáticas y de inglés a la misma hora y con el mismo profesor durante todo el curso. Los resultados del estudio son que los alumnos que tenían clases durante las primeras horas obtuvieron mejores calificaciones en matemáticas y en inglés que los alumnos que tenían estas asignaturas durante las últimas horas. Sin embargo, las diferencias entre los alumnos de las primeras y de las últimas horas fueron mayores en matemáticas que en inglés. La razón fundamental para explicar las diferencias en los resultados es que tanto los profesores como los alumnos están más cansados durante las últimas horas que durante las primeras horas, y el cansancio repercute negativamente tanto en la calidad de la docencia, como en la capacidad de aprendizaje. Sin embargo, el estudio también muestra que el efecto negativo del cansancio es mayor en algunas asignaturas que en otras.

¿Qué recomendaciones podemos extraer de este estudio? El estudio sugiere que debemos situar a la mañana las asignaturas donde mayor es el impacto negativo del cansancio (por ejemplo, las matemáticas) y más tarde aquellas asignaturas donde el impacto negativo del cansancio “mental” es menor (por ejemplo, educación física). Como normalmente hay más de un grupo por curso, para poder realizar esta reordenación los distintos profesores de secundaria del área de ciencias deberían impartir a primera hora de la mañana la asignatura de matemáticas, donde el efecto del cansancio sobre el rendimiento es mayor. Si esta reordenación no es posible, para que no haya discriminación, al menos todos los grupos deberían tener el mismo porcentaje de clases de matemáticas a primeras y a últimas horas.

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La reducción de la tasa de fertilidad en el mundo: anticonceptivos y creencias
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Asier Minondo | 16-01-2018 | 7:27| 0

A finales de la década de 1960, un libro titulado “The Population Bomb”, escrito por Anne y Paul Ehrlich, auguraba un futuro de enormes hambrunas en todo el mundo. Este bestseller argumentaba que el crecimiento de la población estaba siendo mucho más elevado que el crecimiento de la producción de alimentos, por lo que llegaría un momento en que no habría alimentos suficientes para todos. Para evitar ese futuro tan negro, muchos países comenzaron a implementar políticas para controlar el crecimiento de la población. La más conocida, por su radicalidad, fue la que impuso el gobierno chino en 1979, al limitar, con algunas excepciones, el número de hijos por familia a uno.

En una primera etapa, las políticas se enfocaron en informar a la población sobre métodos anticonceptivos, y en facilitar el acceso a los mismos. Sin embargo, se constató que en números países, por motivos religiosos o culturales, las familias eran reacias a utilizar anticonceptivos. Por ello, en una segunda etapa, las políticas se dirigieron a generar un cambio en las creencias y los valores, y a convertir a las familias con pocos hijos en el nuevo ideal social. Por ejemplo, una de las vías para transmitir estos nuevos valores fueron las telenovelas. En ellas, las familias ricas eran las que tenían pocos hijos y las familias pobres las que tenían muchos hijos.

En un trabajo reciente, Tikola de Silva y Silvana Tenreyro, analizan si las políticas de control de la población han sido eficaces. Lo primero que muestra su estudio es la gran reducción que se ha producido en la tasa de fertilidad en todas las zonas del mundo. En 1960, por término medio, una mujer tenía 5 hijos; en 2013, este número se redujo a la mitad. En ese año, la tasa de fertilidad era de 1,81 en los países del Este de Asia y el Pacífico (por debajo de la tasa de reemplazo, que se sitúa en 2,1 niños por mujer), alrededor de 2 en Norteamérica, Europa y Asia Central, de 2,16 en América Latina y el Caribe, de 2,56 en el Sur de Asia, de 2,83 en Oriente Medio y Norte de África y de 5 en el África Subsahariana. Los analistas prevén que la población se estabilice en todos los continentes, a excepción de África, para 2050. Si se incluye a África, la población se estabilizará en 2100. En ese año se prevé que el mundo tenga una población de 11.200 millones de personas, 3.600 millones más que en la actualidad.

De Silva y Tenreyro señalan que la urbanización, la mejora en la educación, el aumento de la participación de la mujer en el mercado laboral, y la reducción de la tasa de mortandad infantil han contribuido a la reducción de la tasa de fertilidad. Junto a estas políticas, las autoras concluyen que las políticas de control de la población han contribuido de forma sustancial a la reducción de la tasa de fertilidad. Entre ellas, las políticas de mayor éxito han sido las que se han enfocado en construir una preferencia social por las familias con menos hijos.

Muchos lectores estarán pensando que en nuestro entorno el problema no es tanto el crecimiento de la población, sino su envejecimiento. Sin embargo, no debemos olvidar que compartimos un planeta. Desde esa perspectiva, la reducción del crecimiento de la población es una buena noticia, ya que mientras los recursos sean finitos, un crecimiento descontrolado de la población genera una presión excesiva sobre los mismos, provocando conflictos sociales.

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Si quieres ser creativo, muere de pena
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Asier Minondo | 05-12-2017 | 7:08| 0

La riqueza de los países crece cuando aumentan sus recursos, cuando son capaces de producir más con los mismos recursos, o cuando descubren nuevos productos y servicios que responden mejor a las necesidades de las personas. Estos descubrimientos son el resultado del esfuerzo y la creatividad de un conjunto de personas que desarrollan su actividad en diferentes ámbitos. Por ello, resulta muy importante entender qué factores promueven la creatividad.

El profesor Karol Jan Borowiecki ha analizado el proceso creativo de tres grandes compositores: Beethoven, Liszt y Mozart. En su trabajo, Borowiecki estudia cómo varió el estado de ánimo de estos compositores a lo largo de su vida, y si esas variaciones estaban correlacionadas con cambios en su creatividad. Para medir el estado de ánimo, Borowiecki utiliza las cartas que escribieron estos compositores. A estas cartas les aplica un software de análisis de texto que identifica el porcentaje de palabras que reflejan un estado de ánimo negativo y el porcentaje de palabras que reflejan un estado de ánimo positivo. Algunos ejemplos de palabras que denotan un estado de ánimo negativo serían dolor, pena o nervios; mientras que algunos ejemplos de palabras que reflejan un estado de ánimo positivo serían amor, alegría o bonito. A continuación, el autor identifica si existe una correlación entre el estado de ánimo y la finalización de alguna de las obras más importantes de estos compositores. La conclusión es que la mayor creatividad se produce cuando más negativo es el estado de ánimo. En concreto, la creatividad de los compositores aumentaba cuando estaban atravesando momentos de gran tristeza, como la muerte repentina de un familiar. Este resultado es similar al de trabajos anteriores que encuentran una correlación positiva entre la creatividad y la depresión.

Este resultado nos lleva a una paradoja. Para ser más creativos tenemos que ser más infelices. Sin embargo, ¿quién va a querer ser más creativo, si para ello tiene que morir de pena?

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El comercio internacional y la desigualdad
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Asier Minondo | 07-11-2017 | 7:25| 0

En un post anterior, mostraba que la renta de las personas de clase media-baja de algunos países desarrollados, como Estados Unidos, es la que menos ha crecido en el mundo durante el periodo 1988-2008 (Iñaki Erauskin analizaba en este post la evolución de la desigualdad en el País Vasco).

Una de las razones que explica el menor crecimiento de la renta de las personas de clase media-baja en los países desarrollados es el comercio internacional con los países en vías de desarrollo y, en especial, con China. El aumento de las importaciones de estos países, concentrados en productos intensivos en trabajo poco cualificado (prendas de vestir) o en productos con etapas de producción intensivas en trabajo poco cualificado (el ensamblaje de un smartphone), ha reducido la producción de estos bienes en los países más desarrollados. Esta caída en la producción ha reducido la demanda de los trabajadores poco cualificados en los países desarrollados. Estos trabajadores han sido expulsados del mercado laboral, o han tenido que aceptar un menor salario para tener un empleo. El comercio internacional genera perdedores, pero también genera ganadores. Estos son los trabajadores, mayoritariamente cualificados, que trabajan en empresas en las que ha aumentado la producción por la demanda de los países desarrollados. Por ejemplo, las exportaciones de aviones de Estados Unidos a China se multiplicaron por 33 durante el periodo 1995-2015.

El comercio internacional, al aumentar la demanda de los trabajadores cualificados y al reducir la demanda de los trabajadores poco cualificados aumenta la desigualdad en los países desarrollados. Sin embargo, el comercio internacional también puede tener un efecto positivo sobre la desigualdad en los países desarrollados. Este efecto positivo se produce a través de los precios. En concreto, si gracias al comercio internacional cae el precio de los productos que son consumidos en mayor proporción por las personas de rentas bajas, la apertura al exterior estará reduciendo la desigualdad. Pablo Fajgelbaum y Amit Khandelwal analizan esta cuestión en un trabajo publicado en Quarterly Journal of Economics. Estos autores concluyen que si los países se cerrasen al comercio, por término medio, la renta real de las personas más pobres (las que se sitúan en el percentil 10 de la distribución de la renta) caería un 63%, mientras que la renta real de las personas más ricas (las que se sitúan en el percentil 90) caería solamente un 28%. En el caso de España, la renta real de las personas más pobres caería un 53%, y la renta real de las personas más ricas caería solamente un 12%.

El impacto más favorable del comercio internacional sobre las personas pobres se explica por dos razones. En primer lugar, las personas pobres gastan una parte más importante de su ingreso en productos que se comercializan internacionalmente (por ejemplo, alimentos o prendas de vestir); en cambio, las personas más ricas gastan una parte más importante de sus ingresos en servicios que son menos comercializables internacionalmente (por ejemplo, restaurantes). En segundo lugar, las personas pobres gastan una mayor parte de su renta en productos importados que son más difíciles de sustituir por los productos domésticos. Por tanto, si el país se cerrase al comercio, el impacto sería más negativo sobre las personas pobres que sobre las ricas.

Las conclusiones del trabajo de Fajgelbaum y Khandelwal ponen de manifiesto que el comercio internacional también tiene efectos positivos sobre las personas pobres. Es importante tener presente esta conclusión ante los devaneos proteccionistas de algunos dirigentes políticos.

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Exportar hace mejores a las empresas
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Asier Minondo | 10-10-2017 | 6:22| 0

Las empresas exportadoras, por término medio, son “mejores” que las empresas no exportadoras. Lo son porque tienen más empleados, porque son más productivas, porque pagan mayores salarios y porque realizan una mayor inversión en investigación, desarrollo e innovación. Por ello, los gobiernos desarrollan programas para tratar que un mayor número de empresas se conviertan en exportadoras.

Los economistas tenemos dos teorías para explicar por qué las empresas exportadoras son mejores que las no exportadoras. La primera teoría defiende que, desde su nacimiento, algunas empresas son más productivas que otras. Las empresas más productivas obtienen más beneficios porque sus precios son más competitivos y venden más, o porque pueden producir un producto de mayor calidad, y cobrar un mayor precio. La exportación exige a las empresas asumir costes adicionales a los que soportan en el mercado doméstico. Estos costes adicionales están ligados a unos mayores costes de transporte, a la existencia de aranceles, y al coste adicional de analizar los mercados exteriores, de encontrar distribuidores adecuados y de adaptar el producto a las características de los consumidores foráneos. Las empresas más productivas son capaces de hacer frente a estos costes adicionales y todavía obtener beneficios en los mercados exteriores. Según esta teoría, la exportación no hace a las empresas mejores. Lo que ocurre es que solamente las mejores empresas pueden exportar. Por ello, observamos una correlación positiva entre exportar y tener unas características empresariales más atractivas. Según esta teoría los gobiernos no deberían gastar un euro en programas de promoción de exportaciones, ya que la capacidad de exportar está ligada a habilidades que están determinadas desde el nacimiento de las empresas.

La segunda teoría sugiere que la propia actividad exportadora mejora la productividad de las empresas. En los mercados exteriores, las empresas exportadoras se ven obligadas a competir con otras empresas que, en muchas ocasiones, son más eficientes que las de su mercado doméstico, lo que les obliga a agudizar el ingenio para ser más competitivas. Asimismo, al exponerse a nuevos mercados las empresas pueden aprender de sus competidores. Finalmente, si los clientes extranjeros son más exigentes con la calidad del producto o del servicio, la empresa se verá obligada a mejorar sus procesos para alcanzar ese mayor nivel de calidad. La recomendación de esta teoría, a diferencia de la primera, es que el gobierno debe incentivar a las empresas a que exporten, ya que la propia actividad exportadora hará a las empresas mejores. Esta intervención pública está especialmente justificada si las empresas se enfrentan a alguna barrera, como la falta de información, que les impide dar el paso de exportar.

Aunque la intuición nos dice que la segunda teoría es muy plausible (no hay nada mejor que echarse al agua para aprender a nadar), los estudios, hasta ahora, no habían encontrado evidencias claras de su validez. En cambio, los estudios confirman sin fisuras la primera teoría. Sin embargo, un reciente trabajo de David Aitkin, Amit Khandewal y Adam Osman, ofrece evidencia empírica muy convincente de que exportar hace mejores a las empresas.

Para realizar el estudio, los autores colaboraron con la ONG estadounidense Ayuda para Artesanos, cuyo objetivo es facilitar la exportación de productos artesanales de los países en vías de desarrollo a los países desarrollados. En el estudio se analiza el programa de esta ONG para facilitar la exportación de alfombras fabricadas en la localidad egipcia de Fowa, que cuenta con un colectivo muy numeroso de artesanos de alfombras, a los países desarrollados. Para implementar este programa, la ONG contactó con una empresa intermediaria en la venta de alfombras de Fowa. La ONG ofreció al intermediario formación en marketing y en las características de las alfombras que se demandaban en Estados Unidos y Europa. La ONG también ayudó al intermediario a encontrar clientes en países desarrollados. Tras un año y medio de trabajo, la ONG y el intermediario lograron un importante pedido de alfombras de un cliente alemán. A continuación, los autores del estudio eligieron de forma aleatoria a los artesanos de Fowa que iban a fabricar las alfombras para este pedido. Al mismo tiempo, eligieron también de forma aleatoria un grupo de control, constituido por artesanos que no iban a fabricar alfombras para el pedido.

El estudio analiza si los artesanos que recibieron el pedido de alfombras mejoraron sus beneficios con relación al grupo de control. Los autores concluyen que los artesanos elegidos para fabricar las alfombras aumentaron sus beneficios por hora trabajada con relación a los artesanos del grupo de control, entre un 16% y un 26%. Este incremento en los beneficios por hora trabajada se debía a que los artesanos exportadores tenían que fabricar una alfombra de mayor calidad que la fabricada por el grupo de control, mayoritariamente destinada al mercado nacional.

El estudio muestra que la oportunidad de fabricar un producto de mayor calidad, y de un mayor precio, es la que incentiva a los artesanos a ser más productivos. Los clientes extranjeros, al demandar un producto de mayor calidad, obligan a los artesanos de alfombras egipcios a convertirse en mejores artesanos. Los autores confirman esta hipótesis mediante tres evidencias. En primer lugar, observan que la productividad de los artesanos elegidos mejora de forma gradual, a medida que van acumulando experiencia en la fabricación de alfombras de mayor calidad. Si los artesanos ya supiesen cómo producir alfombras de mayor calidad, la productividad habría aumentado inmediatamente. En segundo lugar, observan que existe un diálogo continuo entre los artesanos y el intermediario para identificar qué cambios debían realizar en el proceso de producción y qué nuevas técnicas debían aplicar para alcanzar la calidad demandada. En tercer lugar, tras finalizar el pedido, los autores pidieron a los artesanos exportadores y a los artesanos del grupo de control fabricar la misma alfombra con la misma maquinaria y con los mismos productos intermedios. Sistemáticamente, los artesanos exportadores, en el mismo tiempo, fabricaban una alfombra de mayor calidad que los artesanos del grupo de control.

El estudio nos deja varias lecciones. En primer lugar, las empresas, por término medio, tienen capacidad de mejorar su productos o servicios si tienen incentivos para hacerlo. La exportación ofrece estos incentivos siempre que los productos o servicios demandados sean de mayor calidad. En segundo lugar, la mejora en la productividad se produce a través de una transmisión del conocimiento sobre características del producto y de técnicas de fabricación de los clientes finales, y de los intermediaros, al fabricante. Es importante destacar que en este trabajo la empresa intermediaria era la encargada de la relación con el cliente final y de la logística de la exportación. En los países más avanzados, las empresas también tienen que encargarse de estas actividades, lo que aumenta las posibilidades de aprendizaje y mejora. Exportar sí hace mejores a las empresas. Por tanto, si quiere mejorar, échese al agua de los mercados internacionales.

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