Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones, y la manifestación de rencores que no queremos dejar salir, aunque delaten nuestros temores y nuestra soledad.

'Solo el fin del mundo', Xavier Dolan en toda su intensidad | El fotograma

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Asier Manrique

El fotograma

'Solo el fin del mundo', Xavier Dolan en toda su intensidad

SOLO EL FIN DEL MUNDO

Título original: Juste la fin du monde / It’s Only the End of the World

Año: 2016

Duración: 95 minutos

País: Canadá

Director: Xavier Dolan

Guion: Xavier Dolan (basado en la obra de Jean-Luc Lagarce)

Música: Gabriel Yared

Fotografía: André Turpin

Reparto: Léa Seydoux, Nathalie Baye, Gaspard Ulliel, Vincent Cassel, Marion Cotillard,Antoine Desrochers y Sasha Samar

Productora: Sons of Manual / MK2 / Telefilm Canada

Género: Drama

Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones, y la manifestación de rencores que no queremos dejar salir, aunque delaten nuestros temores y nuestra soledad. (FilmAffinity)

Ya lo he dicho hasta en dos ocasiones, me declaro fan absoluto del cine del canadiense Xavier Dolan. El director de cintas como Yo maté a mi madre o Mommy, vuelve a sacar músculo con su última película, la que le valió el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes. Con ‘Solo el fin del mundo’ ha dividido tanto al público y a la crítica, entre los que se han rendido a sus pies y los que le han hecho la cruz, que tenía muchas ganas de ir al cine a descubrir lo que este jovencísimo canadiense tenía preparado.

Como punto de partida, la película cuenta con los elementos habituales del cine de Dolan: personajes descarnados rozando el histerismo, planos muy cortos, la familia y la madre como ejes centrales y la presencia clave de la música. Hasta aquí todo normal, la novedad, en este caso, es el relato de una historia en un escenario minimalista, tan pequeño como una casa. Sin salir de cuatro paredes, o casi, Dolan, vuelve a dar muestras de que es un director que ha nacido para hacer historia.

La película cuenta la historia de un escritor que vuelve a casa tras estar 12 años fuera de la vida de su madre y sus hermanos. El contacto que ha mantenido en este tiempo es mínimo, apenas resumido en unas breves frases en las postales que envía en fechas señaladas como cumpleaños, Navidades y aniversarios. Es, por tanto, un extraño para todos ellos, y ellos son extraños para él, pero desea hacer este último viaje para contarles que se muere. Desde el principio se sentirá fuera de lugar, algo que no se le escapará al espectador.

En la obra original de Jean-Luc Lagarce, en cuya obra de teatro se inspira la película, el protagonista se está muriendo de sida, aquí ni siquiera se cuenta eso. Dolan vacía los personajes de elementos tan superfluos como dar explicaciones a lo que pasa, en la vida real nadie te va situando en el escenario con una descripción detallada de los hechos. No se da ninguna explicación al espectador de las continuas riñas entre hermanos, ni de las conductas extrañas de la madre, ni del silencio de la cuñada (Marion Cotillard). Dolan prefiere que el espectador se construya su propio relato, completando los vacíos que va dejando a lo largo de la hora y media de película. Según tengo entendido, Dolan no se aleja demasiado del material de la obra de teatro, segunda que adapta en su carrera tras ‘Tom en la granja’.

Hay cosas que, por mucho que no se expliquen, saltan a la vista. Dolan es experto en describir sin palabras lo que los personajes viven, y así conocemos la triste vida que vive el personaje de Cotillard al lado de un hombre frustrado, violento y maltratador, interpretado por un Vincent Cassel (Cisne negro) en estado de gracia. Es tal la virulencia de Cassel que esa tensión que se vive en el escenario termina por traspasar y llegar a la piel del espectador, que no puede evitar retorcerse en su butaca. La frágil Cotillard y el violento Cassel comparten plano con una Léa Seydoux (Spectre) brillante en el papel de hermana menor, y una Nathalie Baye que destaca por ser la madre menos intensa de toda la filmografía de Dolan.

Pero la película tiene un mensaje importante que dar, el que comprende el personaje principal, interpretado por Gaspard Ulliel, al final de la historia. Louis llevaba 12 años fuera de casa, para su familia era una persona que admiraban y de la que guardaban recuerdos. Era alguien de quien hablaban, pero les resultaba lejano. Esa pérdida de contacto hace que Ulliel esté desubicado durante toda la cinta. No tiene nada en común con una hermana a la que abandonó cuando era niña, ni con un hermano que no es capaz de superar los celos y la envidia hacia él por haber podido dar el paso de irse y hacer su propia vida sin ataduras. Todo esto estallará en un intenso final donde un simple gesto de Ulliel a Cotillard sirve para resumir una película que vale más por sus silencios que por sus diálogos.

Dolan sigue siendo un maestro retratando a personajes complejos y destripando sus sentimientos. Nadie como él sabe, hoy por hoy, mostrar en cámara más con menos. Las miradas, los silencios y las pocas palabras sirven para dibujar a los personajes profundos de los que se vale para su cintas. Ahora bien, cae en el error habitual de sus películas, la histeria absoluta de sus protagonistas, los lleva tan al extremo que hay momentos en los que molesta.

Si te gusta el cine de Xavier Dolan estarás feliz, es lo que el director nos da habitualmente, incluyendo escenas musicales para recordar (el de Dragostea Din Tei es memorable). Mismos elementos de siempre, con una nueva forma de contarlos, pero con la intensidad y magnetismo al que Dolan nos ha acostumbrado. Es por esto mismo que los críticos que habitualmente le detestan le han seguido detestando, y los que disfrutamos como enanos con sus cintas seguimos haciéndolo.

Cuando se escribían estas líneas, ‘Solo el fin del mundo’ estaba entre las 9 últimas finalistas para ser nominadas al Óscar a la Mejor película de habla no inglesa. Veremos si tiene finalmente suerte y le podemos ver recorrer la alfombra roja el próximo mes de febrero.

Lo mejor: Como todas las películas de Dolan, tiene la enorme virtud de ser un mazazo que va directo al espectador y le remueve por dentro, un impacto del que es difícil escapar.

Lo peor: La forma tan virulenta de tratar los personajes hace que el espectador se sienta muy incómodo a ratos.

 

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